domingo, 25 de junio de 2017

EN DESDE MANZANARES


Haikus para homenajear la tierra y sus costumbres

Noemí Velasco MANZANARES

Cristóbal López de la Manzanara presentó en el Castillo de Pilas Bonas 'En haikus para una primavera' / José Antonio Romero

Cristóbal López de la Manzanara presentó en el Castillo de Pilas Bonas 'En haikus para una primavera' / José Antonio Romero


Cristóbal López de la Manzanara presenta 'EN. Haikus para una primavera', un poemario que rinde homenaje a la tierra, el campo y las costumbres populares
La famosa composición japonesa utilizada para alabar a la naturaleza surge como hilo conductor de un conjunto de poemas que exaltan el paisaje cervantino, los campos de La Mancha y las fiestas populares de la región. El autor Cristóbal López de la Manzanara, unido desde su niñez a Manzanares, presenta ‘EN. Haikus para una primavera’, que incluye alrededor de 140 poemas dedicados a los cuatro elementos de la naturaleza, el agua, el aire, la tierra y el fuego, y a las celebraciones con más solera del país.
El autor recuerda que los poetas simbolistas franceses del siglo XIX encontraron el gusto por el haiku y otras composiciones orientales a partir de la exposición universal de París. Fue cuando descubrieron esta estrofa formada por tres versos sin rima, “dos de cinco sílabas y uno de siete”, y “casi siempre dedicados a la naturaleza”.
La fórmula resulta cómoda y rápida para Cristóbal López de la Manzanara, que intenta crear imágenes con cada poema. “Antes los poetas recurrían a la métrica para contar historias, fueron los periodistas antes de la imprenta de Gutenberg, pero ahora destilamos palabras a partir de los versos, para que adquieran otra dimensión”, expresa el autor, que considera que en esta realidad marcada por la imagen es fundamental que el poeta consiga crear fotografías a partir de sus líneas.
Ahora bien, frente a la visión más purista, López de la Manzanara rima los poemas y los “emparenta con la seguidilla flamenca”, como hizo Miguel Hernández con las ‘Nanas de la cebolla’, con el fin de establecer un vínculo con la raigambre de la tierra.

López de la Manzanara busca la belleza a través de lo rústico


Detalle de la presentación de 'En haikus para una primavera' en Manzanares / Librería La Pecera

Detalle de la presentación de 'En haikus para una primavera' en Manzanares / Librería La Pecera


Con prólogo del alcazareño José Corredor Matheos, que fue Premio Nacional de Poesía en 2005, ‘EN. Haikus para una primavera’ es un homenaje al paisaje peninsular, a La Mancha y a Levante, y una reivindicación de sus usos tradicionales, frente “al campo más sediento y cada vez más baldío”.
Para el autor, que nació en Membrilla y que en la actualidad vive en Getafe, la obra es una expresión “de la belleza a través de los elementos tan rústicos que hay en nuestro campo, verde en primavera, amarillo en verano, pero siempre bello”.
Con otras cinco obras a sus espaldas, entre ellas ‘Episodios de la sed’, ‘La voz entre palabra’ o ‘El cajón de las formas’, Cristóbal López de la Manzanara empezó a escribir este libro en la primavera de 2014, por lo que su inspiración natural no es una casualidad.
El autor comenzó a escribir a los diez años los que denomina “poemas de niñez y la adolescencia” y coincidió con la gran explosión cultural que vivió Manzanares en los años ochenta, donde salieron a la luz poetas, escultores y pintores como Teo Serna o Federico Gallego Ripoll. La ciudad ha sido determinante en su vida y también en este libro, pues el final lo escribió en la misma ‘plaza de las palomas’.

Los ‘escenarios’ de su vida protagonizarán el siguiente libro

Las referencias a las fiestas populares son numerosas, a la Semana Santa, a San Isidro y a las cruces de mayo. Cristóbal López de la Manzanara recuerda el Día de San Marcos, “una fiesta popular muy enraizada en el Campo de Montiel”, donde según cuenta, “es típico hacer un nudo a la siembra para espantar al diablo, a la pedrisca y a las lluvias torrenciales”.
También, la Semana Santa, como expresión popular, “del pueblo, de la gente llana que toma la Iglesia, como revelación de la calle fuera de todo dogma y jerarquía”.
La inspiración en sus versos siempre ha sido el paisaje y ahora Cristóbal López de la Manzanara adelanta que está dedicado a un libro en verso blanco que supone un paseo por los escenarios que han sido claves en su vida.



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miércoles, 21 de junio de 2017

EN con el G 40 en El Robledo

El G cuarenta 

con la sed del Bullaque                            

en la tormenta.

                                                                                         

El G cuarenta:  

la luz de Cabañeros                                     

ya en la maleta. 

video

 

sábado, 10 de junio de 2017

PRESENTACIÓN DE LOS POETAS DE MEMBRILLA Y DE CÁNTIGA

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Mayo 2017                                                                                                       Por  Alicia Jiménez Muñoz

PRESENTACIÓN POETAS DE CÁNTIGA
Probablemente el escritor no es del todo consciente de la trascendencia que tendrá su obra una vez publicada; no sabe con exactitud en manos de quién caerá, qué ojos o qué sensibilidades la percibirán y hasta qué punto calará en según qué almas. 
Cristóbal López de la Manzanara, Poeta y ensayista, no podía saber en el momento que escribía un artículo, que después se publicaría en el programa de Desposorios de 1996, titulado  Domingo en la plaza del azafranal, que alguien se quedaría prendado de las bellísimas metáforas que utilizaba: “La luz llueve torrencial y clara, sobre las tejas que bordan un festón a las sombras…” Después vinieron más relatos  como El día de San Marcos o Los juegos y los días, entre otros, que invitaban al deleite en su lectura, además de que salvaguardaban del olvido las tradiciones y  la idiosincrasia de un pueblo, de nuestro pueblo.
Las metáforas incluidas  en esos relatos entrañables tocaron la tecla de la atracción  a la escritura en una joven lectora a la que en esos momentos no sabía  que Cristóbal López de la Manzanara fuera  Licenciado en Farmacia  y Ciencias Políticas y Sociología. Que hubiera sido redactor de la revista literaria Nayagua, o subdirector de la  revista literaria Cuadernos del Matemático, de Getafe, donde actualmente vive y ejerce de boticario. Ni siquiera sabía que era redactor de la revista Calicanto, de Manzanares, que creó junto a otros poetas del Grupo Literario Azuer y la revista Alacena.  Tampoco sabía que fundó la tertulia poética Buen Retiro con otros compañeros en Madrid. Desconocedora esta lectora  de que tenía antologías en Cuba, Argentina y España. Y de que  hubiera publicado los Libros: Episodios de la sed, en 1989; Las pesadumbres del ozono, en 1991; La voz entre palabra. Poemas 1992-1996, publicado este en 1998; El cajón de las formas. Sonetos boticarios y otras formas en 2009; o Curro Chamusca en 2013. O que le hubieran concedido premios como: Manxa, Premio Internacional de poesía Amado Nervo y Premio AEFLA de Poesía en cinco ediciones.
Sin duda un curriculum admirable, pero lo importante era que este autor había  tocado el alma de esta  lectora. Y creo que ahí radica la grandeza de un escritor: en llegar al mismo centro del lector y removerle  de algún modo el sistema límbico.
 Sin saberlo, Cristóbal  mostró a aquella joven  una puerta a esa estancia tan sublime, y poco transitada por el gran público, que es la poesía y que desde allí otras puertas a otras estancias literarias se fueron abriendo.
“El poeta escribe para ser querido…” dice él mismo. Y yo apostillo que es muy fácil querer a un poeta, solo hay que sumergirse en su lenguaje y dejarse llevar por su sensibilidad.  De esa sensibilidad se recoge  una muestra en Cántiga y aquí la escuchamos.


Isabel Villalta Villalta, también llamó la atención literaria a esta joven lectora a la que antes hacía referencia, y lo hizo desde el mismo escaparate que lo había hecho Cristóbal, y de la misma manera tocaba el alma: con un entrañable relato premiado en el tristemente desaparecido Certamen Literario de Desposorios. En ese relato un padre, frente a su hija, le contaba, desde los recuerdos de su niñez, la peripecia vivida en las vísperas de la fiesta grande del pueblo.  Y otra vez las tradiciones y la idiosincrasia de nuestro pueblo quedan a salvo del paso del tiempo y del olvido, gracias a la magistral pluma de Isabel, estudiante por aquella época de Filología Hispánica.
Después consiguió su Licenciatura, gracias a la cual realizó  interesantes investigaciones etimológicas, algunas inéditas y otras publicadas como: El topónimo Membrilla y su gentilicio membrillato, publicada en 2005, o El río Azuer  desde el origen de su nombre, en 2014, son obras de referencia para la cultura histórica y lingüística de Membrilla, así como de la ribera de los pueblos del Azuer.
 Carnaval en Membrilla, es el titulo de otro de sus libros publicados, en él se recoge la cultura y sociedad de Membrilla desde finales del siglo XIX hasta la fecha de la publicación de la obra, en 2012, a través del carnaval y su síntesis festivo-sarcástica; esta obra señala la etimología de la palabra y el aspecto de la fiesta en la historia del mundo.
En su labor creadora como poeta han visto la luz los libros: Diálogos, publicado en 1999; En torno a don Quijote,  donde combina estudio y poesía, en 2006; Donde habita la inocencia, publicado en 2007; Pleno de su luz, en 2010; A través del otoño, en 2013 y Viaje al conflicto, en 2015. También tiene varios poemarios sin editar. Y en su prolífica actividad literaria participa en charlas, presentaciones y demás actos culturales en distintos lugares. Ha recogido premios en numerosos certámenes locales, regionales, nacionales e internacionales.
Isabel se reconoce a sí misma con mirada sensible y detenida a la belleza y nobleza que contienen las cosas. Le avalan  deseos personales de alcanzarse y de de cuidar la bondad de la vida y las herencias materiales y espirituales.
Loables intenciones en apariencia sencillas, pero que no dejan de ser admirables como cualidad connatural. 
Nunca me atreví, después de leer sus relatos en el programa de Desposorios, a abordarlos por la calle y decirles, tanto a Cristóbal como a Isabel, que me había maravillado además de lo que contaban, su forma de narrarlo, que leerlos a ellos supuso en mí algo más que un deleite en la lectura. Que después, cuando conocí su poética, la de ambos, me invitó a mí, lectora habitual de novela, a detenerme y saborearla despacio, como una copa de vino, porque su poesía se presta a ello: al deleite de cada metáfora, al compromiso personal a entrar en la gruta del alma del poeta y una vez dentro descubrir sus maravillas.
 De esas maravillas, hoy,  nos recitará  una muestra  Isabel.