domingo, 11 de septiembre de 2016

JUGANDO A NO PERDERSE
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En la presentación de la antología poética “ANTÓN PIRULERO”
Museo Municipal Albacete, 20 de noviembre de 2015
                                                                                                                
                                                                                            Manuel Cortijo Rodríguez

No pocos estudios hechos sobre la infancia como espacio recurrente y vivificador en la poesía,  se bastan así mismos como honda palpitación que nos llevara a contemplar aquellas tasaciones primerizas de una inquietud que juega, que aún nos ilumina, nos sobrevive porque nos alcanza y supera entre las resonancias ya mitificadas, como si fuese un viejo pregón de eternidad. A través de ellos, una larga nómina de autores nos han ido dejando, en textos de diferente numen,  el desarrollo de sus raptos exploratorios, fructuosos en extremo, los afloramientos sustanciales de sus magisterios, de sus capacidades imaginativas. Desde diferentes puntos de vista, han ido buceando por el fondo de los mares azules de la infancia, hasta dejarnos el regusto más íntimo,  la referencialidad del juego como actividad primaria de los niños que fueron y que fuimos (¿somos niños aún?), que acaso sin saberlo, ya jugábamos a ser hombres en la vida, desde la sujeción del sonajero.        

Bajo los alumbramientos reveladores aportados, se manifiesta un conjunto de símbolos, cuya modulación salvadora, y aun gloriosa, se nos presenta como  un aire amoroso que avivara las llamas de un fuego que no acaba, que no puede acabar de apagarse del todo, porque trasciende duraderamente y telegrafía emociones plenarias de unos tiempos sin término.  De esa manera, podremos entender, gozar la trasmutación más alba de la infancia en esta obra antológica, toda pureza por los cuatro costados que la arropan, que acabamos de mirar por vez primera, en este instante tan anhelado por todos, mujeres y hombres que han dejado espejitos de estrellas cantados líricamente con luminosa exquisitez. La afirmación poética, su fuerza emotiva, tal es así, poderosa  y propagadora, como la fe de un fuego, que arrasa cuanto puede proponerle la leña de cualquier emoción, cualquier imagen que acude a la llamada oída del poema.  Pero la enunciación poética, propiamente dicha,  ateniéndose al modelo de cualquier expresión lírica, implica, desde luego,  a su vez una opción simbólica que radicaliza el predominio de la imaginación, del sentimiento anhelado hacia la revelación de múltiples experiencias. Nada puede haber más hondamente poemático que la infancia jugando a no perderse, la infancia que nos proyecta activa, definitivamente, hacia una elevación sin techo, a tantísimas escenas, luces depuradoras de los más dulces goces, como fueron los juegos,  que se quedan a vivir para siempre en el alma, salvados para siempre.

Así he acogido yo en haces deliciosos, bien  atados por sus creadores, los poemas todos, los fervorosos cantos que se cumplen en esta antología segunda que, al calor y la pujanza de AMUNI, saludamos, tenemos esta tarde en nuestras manos que esperaban, anhelantes de sentimientos y sobrecogimientos personales, procedentes de tantísimos ensueños, la salud sobreviviente y manadera de las aguas más claras de la imaginación, reminiscencias entrañadas en los hábitos donde tuvo su sitio nuestra infancia.

La cultura literaria y plástica españolas, reúne en este libro dos contextos artísticos: la poesía y las artes plásticas, el resultado de dos expresiones estéticas, donde se quedan a vivir  107 voces poéticas de ritmos y tonos diferentes, así como 18 artistas plásticos, también de diferente inspiración, de variadas aptitudes  y técnicas que, sin exclusiones, juegan muy delicadamente en estas páginas, floreciendo en apiñamiento total. Bien merecen, merecían los perfumes y acentos poéticos de los unos, las expresiones luminosas de los otros, una mayor atención que, por razones de espacio y tiempo, no puede encenderse, ni obedecer al júbilo que debiera insistir en proyectar este introductor.      

La oportunidad, acaso inmerecida, el honor y el orgullo que se me brinda de pregonar este libro, definitiva y recrecidamente luminoso, lujoso en apariencia y resplandeciente en transparencia límpida,   en sus valores poéticos e ilustrativos, me trasladan en estos momentos, muy gozosamente, a aquellos paraísos infantiles, improvisados campos de batalla, donde nuestros héroes ensoñados, ganaban sus combates sin apenas tener que despeinarse. Antes  de que el alma descienda de allá arriba, de sus vuelos altísimos, necesario es que agradezca esta distinción, en gradación muy enaltecida, a los aventajados en bonhomía, en tantas cosas buenas, como son Pilar Geraldo y Juan Peralta, a la una y al otro, a los dos, que tantísimo han puesto de su tiempo y sus dotes intelectuales, para que en este día, tan aireado de ilusión, culminen dos de sus más alboreantes aspiraciones: por una parte, enseñar el  museo donde viven nuestros primeros pasos en la escuela, la inocencia auroral de aquel niño que fuimos, que fuimos a aprender el oficio y la gracia de ser hombres,  y por otra, dar a la luz esta obra espigada, granada como pocas, sin precedentes, cuyo acabado final es excelente, pura envidia de todos y de tantos como vendrán a tomar los aires luminosos, que abrazan más que nada en esta obra.

En los poemas todos y las ilustraciones de este libro, “ANTÓN PIRULERO”, se accede a la visión cristalina de la niña o el  niño, que hace tangible sus ensoñaciones, sus juegos evocados, como si sus autoras y autores quisieran sostener una bandada de pájaros felices en sus manos. Pájaros que tuvieron o soñaron en la calle, en los patios o corrales, en las eras de entonces que ahora llegan a la médula de la luz por esa sola vía que abre el sentimiento. La infancia en la poesía juega hoy aquí, en Albacete, a cuatro bandas, cuatro paredes blancas que cobijan un sueño que estaba por decir, unas voces que cantan o gimen la luz de los poetas en tempranas imágenes, emociones primeras que nos raptan de una inspiración vivificadora, sustanciadora de lo más verdadero que tuvimos. 

Infancia y poesía, en este libro casi único, juegan a dar y dan el gran aviso de un tiempo (¡Terrible noria del tiempo!, Federico García Lorca) de absoluta inocencia que se prolonga por los surcos sembrados de nuestra estimulada melancolía, que aquí acaba en cosecha para luego, para cuando otras niñas y otros niños, portadores sin par de la alegría, lo mismo que nosotros, quieran jugar y jueguen al juego de la vida, a cazar en las tardes de verano lentas mariposillas del aire y algún vuelo precoz de gurriato. Niños que nacerán con la sed de algún juego entre sus manos, el hallazgo primero de unas lágrimas que mojarán sus rostros de ternura infinita.  
  
Sería un mal vendedor del producto que me cabe el honor de pregonar, si no les animase a que lo prueben, lo posean, lo abracen fuertemente contra el pecho y lo sigan desde, a modo de pórtico,  la presentación, olorosa y sabrosa de Santiago Cabañero, Presidente de nuestra Diputación, pasando por las líneas inefables, enardecidas hasta la devoción del que sabe nombrarse agradecido,  de Juan Peralta, Director del Museo Pedagógico y del Niño de Castilla-La Mancha, hasta llegar al prólogo, que le debemos al poeta manchego, de Membrilla, Cristóbal López de la Manzanara: unas líneas que son el poderoso  encendimiento de la sabiduría, un toque de meditación muy sublime y profundo,  de atención al lector, al que pone a las puertas, aún sin abrir, de la emoción que le espera en estas páginas de apelaciones señaleras de unos trayectos reconocibles, actividades entrañables. Tras la sección primera, “Cada cual que atienda su juego”, desembocamos en el interludio de la obra, que es una luz descendida desde el magisterio universitario de José Luis González Geraldo, una conversación muy en serio, cara a cara con el lector, a quien previene casi de principio: “no tengo tiempo para juegos”, una declaración postural de amor incontestable, originalísima,  a la infancia que nos suena a deleite, porque acaba siendo como  una hermosa y profunda “Jugarreta de la vida”, reconocida así por nuestro profesor de Teoría e Historia de la Educación en la Universidad de Castilla La Mancha, campus de Cuenca.    

Pero estos ardores lumínicos siguen reclamando la complicidad del lector. Después de tanta elevación artística que se prolonga en la segunda sección, “Y el que no lo aprenda…”, llegamos a alcanzar la compañía  buscada de Pilar Geraldo, a quien cito otra vez, pero ahora como verdadera y máxima responsable, con el apoyo impagable, generosísimo,  de Ana González Haro, de la preparación y publicación de esta belleza viva que nos pide atención. En su “A modo de despedida...”, Pilar nos gana el corazón, sabe que ya no vamos a dejar de quererla nuestra los poetas e ilustradores. Desde la primera línea se evidencian, por sí mismos, los albos resplandores de la mujer bondadosísima que es, de poeta que vive, “sin dejar de jugar”, su particular epifanía, que almacena, como un vientre preñado, la madurez del hombre “jugando siempre con la magia de ser niños”, de ese hombre que viene muy temprano a lucir desde la infancia. Grande, Pilar, como tu corazón, es tu obra segunda, esta siembra poético-ilustrativa que va conmover placenteramente, como muy pocas pueden, a muchas sensibilidades.

No ha sido fácil tu tarea, pero aquí, en este libro, se quedan a vivir muchas voces poéticas y plásticas entonando un cántico común, nuestro canto mejor,  “Al Antón, Antón, Antón Pirulero”, ya sin caducidad: resonancias de un mismo sentimiento que ha venido a decirnos su verdad. Hoy somos muchos aquí, y otros que esperan, los que vamos a saciarnos de palabras hermosas, de esas que cada uno, siempre quiere quedarse para sí. Una llama febril son las palabras, sus efectos transfigurados que nos llevan a alcanzar iluminaciones que no son propias de este mundo. Dejemos que se cumplan, nos cumplan las palabras, nos iluminen siempre las palabras hacia la plenitud de conocernos por obra y gracia suyas. Y sobre todo juguemos, juguemos, juguemos para que no decaiga nuestra fantasía, esa alma de niño que nos salva.  Es hermoso jugar, como la infancia, a no perderse.

El amor entre tiempos







Toledo - ABC Cultura



Francisco Caro presenta «Plural de sed», un viaje por la geografía del amor con versos candentes de sensualidad
Portada de Plural de sed
Portada de Plural de sed





Francisco Caro nos invita otra vez a la poesía a través del libro titulado,Plural de sed. Este poemario se encuentra dividido en cinco partes, fragmentos que se orquestan con los nombres de piezas musicales:ZarabandaCouranteRondó (en Las Tablas), Pavana y Barroco, las cuales albergan más de una treintena de poemas.
En la primera parte el poeta nos asoma a una proposición de viaje en versículos como: Tú y yo y entretejernos, te ofrecía / para los cinco días de Semana Santa. Expresa a lo largo de sus versículos una 1imaginería laica con retazos yuxtapuestos que van de escenarios con ecos neoyorquinos tan de moda y que han ido apareciendo de forma recurrente en la poesía desde que Lorca en 1930 escribiera Poeta en Nueva York hasta el otro extremo, el paisaje silente de encinas del Valle de Alcudia. Caro homenajea aquí, entre la sensualidad y el erotismo, a sus poetas mayores como García Lorca o Claudio Rodríguez. Esta parte goza del buqué de los años estudiantiles de trenca y Bertolucci.
En la segunda pieza musical, Courante, llega un tiempo de desamor, búsqueda y espera. Esta parte comienza: A quién he de pedir/ noticias tuyas/ sino a las aves. La naturaleza forma parte esencial en la vida y en toda la obra de este poeta por lo que aparece a lo largo de todo el libro y de muchos de sus libros. Es esta la parte del tránsito y de la ausencia del amor huido: no visito los bares de tu cuerpo/ y hoy no puedo beber,/ hoy no puedo escribir. El no escribir por la lejanía rocosa de amor. El poeta desea escribir amando y llenar los versos con besos de mujer para seguir diciendo en un espacio, en el hospital de la amada sin bienes, sin muebles, sin ruidos que estorben al amor. Así llega sencillamente otro tiempo de amor, Rondó en Las Tablas, que se desvela cuando en la pagina 49 se dice: Posar mis manos,/ dos águilas que inician el descenso/ sobre la desmemoria de tus hombros/ y buscan consistencia… Pero en el resurgimiento de amor aparte de remansos hay hálitos de pasión. Hay rápidos que suenan a ardor de copla: Tu boca es mi condena/ no a celda ni a intención, no a sol que muere, / sino a lo irremediable/ de mis septiembres labios/ en tus labios. La dificultad desde la sencillez aparente del lenguaje.
En Pavana vuelve la pasión a encarcelar a los amantes en una noche de hotel sobre el discurso de una soledad a dos, argumentación reiterada a lo largo todo el poemario. Aunque ésta lleve implícita en su subtítulo, Habitación de hotel, la soledad de un titulo hopperiano, Caro lo que hace es reivindicar la hospitalidad del Campo del Calatrava, un no Nueva York, un no Amberes, un no Madrid, la sensualidad de un campo árabe reconquistado por la soledad de color añil. Aquí nos lleva hasta el final del poema Cede para decir Nadie sabe que estamos/ aquí, salvo la vida.
La última parte, Barroco, es un solo poema donde poeta nos sorprende con un soneto enmascarado y fragmentado que se asemeja y nos acerca a su forma de escribir, un guiño como lo es todo este libro, donde a veces la mujer amada se trasmuta en poesía, en piel-verso y la ausencia en un deseo de decir en un viaje entre tiempos.
JUNTO a las flores blancas
del manzano
estás tan quieta,
tan extrañamente quieta
y tan desposeída
que ahora no me atrevo
no me atrevo a escribirte
no me atrevo a rozarte
los ápices del seno, ni a decirle
a las ingles que callan
por qué tu desnudez
quemó mi tacto.
Francisco Caro

PAPELES ENCONTRADOS DE INVIERNO









Manuel Cortijo presenta en la Peña Rodense de Madrid su poemario «Los dones de la luz»

 

 




De izda. a dcha.: el poeta Cristóbal López de la Manzanara; el poeta, escritor y crítico literario José López Martínez; la filóloga Rocío Alarcón; el poeta Manuel Cortijo Rodríguez; el presidente de la Peña Rodense, Claudio Cortijo; la poeta Charo Báguena Molina; y Juan Nieto, directivo de la Peña Rodense.
(Primitivo Fajardo) – Ayer, domingo 6 de marzo, en sesión matutina y con la asistencia de un centenar de personas, se celebró en el salón de actos de la Casa de Castilla-La Mancha en Madrid la CCCXXIV «Cuerva Literaria» de la Peña Rodense, en la que intervino como invitado el conocido poeta Manuel Cortijo Rodríguez, que presentó su último poemario Los dones de la luz, cuya puesta de largo tuvo lugar en La Roda el pasado mes de octubre y su éxito lo señala que ya va por la segunda edición.
Junto a Cortijo, participaron en la presentación la filóloga y prologuista del libro Rocío Alarcón, el poeta Cristóbal López de la Manzanara, y el poeta, escritor y crítico literario José López Martínez, acompañados de algunos miembros de la Junta Directiva de la Peña Rodense: su presidente, Claudio Cortijo, Juan Nieto, Charo Báguena, Lolita Toboso, la secretaria Elena Cortijo, etc.
Manuel CortijjoRocío Alarcón señaló, en primer lugar, la sensibilidad creadora de Cortijo en este poemario: «Nuestro poeta cree en la fuerza de la palabra». Y añadió: «Todos los que le conocemos bien sabemos que él tiene una gran sensibilidad y por ello vive desde el corazón. La sensibilidad es un don que él tiene y que le permite empatizar más con las personas y profundizar en la poesía». Tras señalar la naturaleza metapoética del libro, Alarcón afirmó que «la esperanza del poeta se muestra a través de sus versos mediante la luz, la luz que vemos en la palabra, la luz de esa persona llena de cariño, tierna, humilde, una persona muy valiosa para muchos y, en especial, muy valiosa para mí. Él es un buen amigo, alguien que sabe escuchar a los demás y darles su amor y su atención cuando lo necesitan».
La cosmovisión de la poesía
López de la Manzanara comenzó su sentida disertación sobre la obra de Manuel Cortijo con una cita de Francisco Umbral: «Escribir es la manera más profunda de leer la vida», y afirmó que el poemario de Cortijo es un libro escrito desde el corazón, cosa que ya se demostró en el anterior, Memoria de lo usado, del que hizo una referencia elogiosa de su contenido. Señaló una frase registrada en el prólogo por Rocío Alarcón: «Su poesía es un arma cargada de esperanza». El poeta, escritor y farmacéutico resaltó a modo de ejemplo algunas estrofas del nuevo libro de Cortijo, señalando en conclusión que «la luz ilumina la palabra y la saca al palacio de la vida». Su excelente intervención llenó de emotividad el pletórico auditorio de la calle de la Paz, y cerró sus palabras con este broche dedicado a la obra de Manuel Cortijo: «Nos anima con su cosmovisión de la poesía».
Portada DonesManuel Cortijo, por su parte, recordó que ha presentado el libro anteriormente en La Roda, su patria chica, y en Getafe, su actual lugar de residencia, y dio las gracias a sus padrinos en este acto diciendo que «menudo atolladero emocional en el que me han metido quienes me han precedieron en el uso de la palabra». Agradeció asimismo su participación a los poetas que intervinieron en la primera parte del acto y recordó que volvía de nuevo a la Cuerva Literaria por segunda vez, después de haber participado en una de las primeras, hace ya la friolera de cuarenta años.
Dijo de su propio poemario que es una visión metapoética, «una mirada en búsqueda del otro lado de las cosas, de lo que no se ve, de la cara “B” del otro yo poético, que estaba ahí y aún no conocía». Seguidamente leyó algunos poemas de su libro, intervención que contó con la atención solemne y el reconocimiento agradecido de los aplausos insistentes del público.
Finalmente, cerró el acto el erudito José López Martínez, quien resaltó con emotivas palabras las muchas virtudes del poeta protagonista y la creación que presentaba en la Peña Rodense: Los dones de la luz, «que su autor ha dividido en dos partes, ambas coincidentes y complementarias, en las que la sensibilidad y el talento del poeta rodense ahonda y nos acerca al misterio de la luz en su sentido más abarcador y trascendente», dijo. Destacó López Martínez el mundo interior del poeta y «ese acercamiento a la inmensa metáfora de la luz desde la que podemos abordar nuestros mayores problemas. La luz como conocimiento, como principal alcaloide de la imaginación», frase con la que concluyó el acto, que fue seguido por el tradicional almuerzo de hermandad entre los rodenses en la diáspora.
















PAPELES ENCONTRADOS



                             PALABRAS PARA CUADERNOS
                                     14 de julio de 2016
Buenas tardes:
Ante todo gracias a la organización por inquietarnos a estas raras avis que somos los cuadernícolas  en este día 14 julio, día de la   liberté, egalité y fraternité.  Gracias a los patrocinadores, en especial a la Mahou family   con la que suelo estrellarme día tras día; mis amigos y mis venas lo saben.  
Cuadernos de Matemático, revista ilustrada de creación, como  así reza el sobrenombre en la primera página de todos sus números, siempre  ha deseado guardar  la portada  para un artista plástico, pintores en  su mayoría, fotógrafos  o escultores.
Desde los  primeros números  ya  se  vislumbraba una fuerte apuesta  por el arte hecho ahora, así sin darse cuenta y aún dándonos, hemos ofrecido soporte a muchas tendencias artísticas, algunas tan nuevas que todavía no se encuentran encasilladas  ni referenciadas en escuela alguna aunque se atisben ya sus trayectorias.     
Cuadernos a través de ellas  ha dado cuenta de la vanguardias y el arte de este país, desde las proposiciones de la abstracción hasta el expresionismo en las diferentes vertientes, desde el constructivismo al pop, volando con el surrealismo desde los metafísicos paisajes  hasta los parajes hopperianos e impersonales, desde  lo figurativo de hip art.
En definitiva  el discurso de las proposiciones del arte vivo, el arte inquieto que se producen en este país desde la década de los ochenta del siglo XX hasta hoy.
En todas y cada una de las portadas se derivan espacios libres, interiores, rostros, figuras y hábitats  ocupados todos ellos por la soledad. Quizás esta soledad que aflora desde ellas irradia el soliloquio reflexivo del creador y su mundo, el dialogo consigo mismo. Las islas de los Robinsones Crusoe  que han apostado por la creación y por dar larga vida a la revista Cuadernos de Matemático, donde cada uno utiliza su libertad para expresar su plasticidad creadora.
Las portadas han manado del objeto que es en sí la revista. Nunca, al igual que lo que alberga  en su interior se ha construido con la norma. La anomia de la calidad ha constituido el espacio creador tanto para el contenido como los para los exteriores. Esta asamblea estética, este modo de hacer, refrenda el discurso ético de la comunicación en la revista.          
Se encuentran entre nosotros para corroborarlo cuatro autores de portadas: los pintores   Joaquín San Juan, Dis   Berlin alias  Mariano Carrera, Teresa Moro y el fotógrafo Evaristo Delgado que hablarán de su obra, de su momento creador y de su portada para los Cuadernos       
Me van a permitir que acabe con una cita de  Georg Friedrich Philipp Freiherr von Hardenber, alias el Novalis para los que nos tomamos tercios con él en bar de la esquina:   La libertad es el  gran espejo donde toda creación pura y cristalina se refleja; en ella se abisman los espíritus tiernos y las formas de naturaleza entera.   
                                                  Cristóbal López de la Manzanara


sábado, 10 de septiembre de 2016

DIARIO DE AGOSTO

DIARIO DE AGOSTO, PHAEBUS ME HABLA














Miércoles  3 de agosto       
La pantalla del ordenador me informa de la hora. Son las 9 a. m. y  parece que me habla  Phaebus y me cuenta algunas de sus intimidades, como que nació en este lugar  y que tiene cuatro años más que yo. Yo nací en 1958 a tres mil metros de aquí.

Dentro de un sueño, estamos sentados a 50 metros de esta mesa.  Me da cuenta de sus exposiciones y de sus composiciones musicales últimas. Que está realizando  un cartel  para un espacio estético de cuyo nombre no puedo acordarme.  Luego  me invita a  abrir su último libro de poemas  publicado  por  Almud Ediciones.  Al tacto parece un objeto encontrado de esos que busca Teo para poetizarlos,  la textura y el collage que el autor ha realizado para el libro realzan esta sensación. Anhelo  por un momento ser ciego como Homero  para oler sus páginas con las manos.   

Torpemente,  por la cantidad  de cacharros de vidrio que contiene el barril que nos sirve de mesa donde tomamos unas cervezas, abro el  poemario.  De él se cae un tríptico que abrazaba sus páginas, lo  cojo y de manera rápida veo la fotografía  de  una manzana en  forma de taza de donde sale un asa, todo ello sobre un plato con su cucharilla de moca reposando en una peana azul marino donde pone:  Su desayuno Mr. Newton. Mi curiosidad llega a ver que se trata de algo relacionado con poemas objetos  y objetos sonoros pero  no sé por qué extraña prudencia no digo nada, declino  abrir el folleto aunque distingo que anuncia el último evento del autor mis ojos alcanzan a ver  dos  cisnes picoteando  el capelo rojo  del escudo de la Universidad de Alcalá y  ello me lleva a  recordar  su tercer libro La terquedad de la sombra que obtuvo  el premio de poesía Ciudad de Alcalá. Llaman, tengo una cita ineludible con el mar.     

Vienes 5 de agosto  9, 59 a.m.
La luz que entra por la ventana me ha despertado mucho antes que el teléfono del recepcionista. Paso a la página 15 del libro y el poeta nos habla con su seudónimo de los cuatro elementos que contiene el mundo, su mundo creador. Me llama la atención el trato que da  al elemento agua en el cual indaga   y provoca una transustanciación cuando Phaebus dice: que el manantial de polvo / dibuja laberintos / nadie ve el manantial de polvo/salvo el poeta y el loco. En este poema habla sin duda de la sequía y la desolación que produce la incomprensión, el abandono por parte de la vida de la frescura de la creación, y  de otro desierto, el desierto del creador, un universo incomprendido por el tiempo vital,  el tiempo  político y el tiempo desorientado del ciudadano que se parece mucho al tiempo de  nuestro paisaje geográfico cada vez más lleno de sed, de éste último hecho  ya han dado la voz de alarma los artistas. Existe toda una poética sobre la memoria del agua y del derrumbamiento de nuestro paisaje.     

Sábado 6 de agosto 9. 38 a.m.
Le mando un correo al autor preguntándole  por el leitmotiv del título. El poeta me contesta que Fhaebus es un nombre inventado que representa un alter  ego, el otro yo, un juego mágico que nos plantea el artista, la reencarnación  de todos los yoes que aterrizan  en el alma y que alguna vez fueron esencia y vitalidad.  Un yo  que se observa en el espejo comprado en la misma cristalería en que lo compró Jorge Luis Borges y fabricado con  el mismo azogue, con el mercurio  de la literatura.

 Borges afirmaba que el arte poético debe ser como ese espejo que nos revela nuestra propia cara. Cuando Teo  escribe de otro  personaje está  describiendo Mementos honimems de su existencia creadora. Tal es así  que esta aventura que supone el escribir a través del leguaje  me lleva a recordar otro de sus libros que ya apunta y reencarna esta forma iluminada de vislumbrar el espacio creador, la  obra que obtuvo  el premio Barcarola y que se llamaba precisamente así Memento honimem.

Lunes 8 de agosto 9,19 a.m.
Retomo  el libro de Teo y paseo por sus poemas lentamente como ayer lo hice por la playa.  Me detengo en las historias de cada una  de sus composiciones, en esa especie de épica lírica  que constituyen los poemas, técnica ya recurrente en su poesía, utilizada sobre todo en El radiestesista  y El laberinto de los dioses. Cuando lee, oye música o ve un cuadro o una película, símbolos  que sostienen el mundo vital del artista, su mundo esteta, los poetiza mitificándolos o desmitificándolos. Desde esta sensibilidad vuelve a crear otro escenario con otro final.  

Esta mañana percibo que la muerte como razón estética es otra de las recurrencias de la línea poética de Phaebus  tal como se expresa en la recreación de la obra de Octavio Paz, en el  poema dramático La hija de Raspaccini. No he conversado con el  autor sobre este tema pero creo que el poema no existiría si Godhan Chamber no hubiera elevado a  ópera el poema dramático del Premio Nobel mexicano.         
   
Martes 9 de agosto 9 a.m.
Abro la ventana de la habitación del hotel y veo la playa con una  soledad majestuosa, tan sólo algún velero pone con su foque y su génova un punto y coma en la raya azul del horizonte. Difícil de explicar, el  mar alberga una calma chicha y no se divisa ni una nube por la Sierra de Aitana. Todo es azul. Lo contrario que pasa en el estudio de  Leonardo Da Vinci donde se ven deshacerse las tardes, disolverse tras el cristal porque en este poema  el  poeta nos habla de que las tardes de lluvia son de yeso, de cal,  desde su estudio con una sonrisa de ella, de Margarita.

Siempre me voy a mi terreno, a la parte científica de mi formación, quizás  por ello no puedo dejar de percibir que  el calcio con sus sales  y otros metales aparecen de forma recurrente en los poemas. Me acuerdo del poema que realizó sobre el calcio dentro de  un suplemento de Cuadernos del Matemático.

Teo también guarda en el desván de la memoria trozos de científico que se reflejan como los espejos de Alicia. A propósito de Alicia, sin duda el descubrimiento de Lewis Caroll influiría en su poesía. Este autor británico también comparte la característica de ser aparte de  escritor, matemático. Ésto me lleva a pasear por otro poema Pitágoras construye un nuevo  triángulo.  El ojo de un Dios desconocido e inexplicable forma parte de otro teorema para el poeta, un poema construido desde la memoria de la infancia y la  madre  que tanta presencia tiene en el libro La casa vacía
         
Miércoles 10 de agosto 10, 00 a.m.
A veces se me olvida que soy un marinero en tierra, un marinero de marejadas cereales y me pongo  a hablarle de tú al mar como si fuera un trabajador del agua como los nombró Patxi Andión. El caso es que el viento  de levante me ha traído sombras de  olas, mientras estoy recostado en la hamaca leyendo Memorias del estanque de Antonio Colinas. Sus recuerdos llaman a los míos   y me fluyen tres poemas del libro de Teo: Phaebus en la consulta, Nosferatu estudiante de hematología y Charo tiene noche en el hospital, en ellos también se ve el poso que sus estudios de ciencias le han dejado. Antes he manifestado que la muerte en su poesía representa un valor capital, aquí el hospital, las dolencias físicas, las imágenes relacionadas con la hematología se repiten, lo cual me lleva otra vez a lo que afirma Teo : que todo es poetizable. ¿Acaso no es poético el RH positivo de Clara la amante perfecta de Nosferatu, ese RH que contiene todo lo positivo que el mundo no contempla? 

Jueves 11 de agosto  9, 17 a.m.
Sigo leyendo, buscando el almendrado de las palabras, me adentro en el poemario. Y recuerdo al llegar a la pagina 37,  al poema Phaebus en su biblioteca,  al Borges lector que afirma: uno no es por lo que escribe sino por lo que ha leído.  No se puede ser buen escritor sin llevar interiorizado la cal de las palabras escritas por otros, la lectura de grandes escritores e interiorización posterior  de lo que otros escribieron es  la verdadera inmortalidad de la literatura. Este poema es clave para entender el discurso interno  del poemario.

A parte de esta argumentación la composición  me trae  a la memoria, en uno de sus versos,  la simbología surrealista  lorquiana  en  un poema que  tiene que ver con Manzanares,  Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Megías,   Lorca nos dice: la muerte puso huevos en la herida. Serna cabalga con  otra metáfora: Fueron mi tiempo,/ mi vida desgajada/ mi rutina en paginas y letras que otros escribieron: /fueron poniendo  sus huevos / de pergamino seco en mi alma, su pequeño nido de luz parpadeante.          


Viernes 12 de agosto  9 25 a. m.
Mientras avanzo en la lectura del libro me pregunto  por muchas cosas que me intrigan de él, por ejemplo el nombre del papel, de magnífico tacto, de las cubiertas. Me gustaría que fueran de papel verjurado pues es  un nombre muy poético para las pastas de un poemario.   

A veces me gusta jugar a  poner nombres a las personas que atiendo en la farmacia cuando no las conozco. Luego  comprobar sus datos para ver si he acertado  o  no.   Casi siempre me gano a mi mismo. Será la sombra del adivino que todos llevamos dentro. - A propósito, sin querer me ha salido el título de otro libro de Teo Serna de ese bolsillo que es la memoria, titulado presamente: La sombra del adivino y publicado en el año 2000.

También me pregunto  por qué no lleva índice el libro cuando al autor le gustan tanto los índices y los nombres, partir el tiempo poético  en  pedacitos como si el tiempo fuera un espejo roto. Hoy voy a tener suerte pues sin querer casi me ha surgido otro nombre de un libro Índice onomástico publicado en el 2012.  Quizás un Pokemon Go de agua salada me desvele lo que ha pasado con el índice, uno de eso bichos  que andan por la playa este verano.


Sábado 13 de agosto 9. 23 a.m.
He ido a desayunar y una camarera del hotel, Estefanía, me ha traído un sobre de azúcar. Prodigiosamente han salido letras del edulcorante que se han posado sobre el café a modo de caligrama con la forma  del pajarito de twitter donde se podía leer: En cada  poema hay una historia independiente, una historia de amor o de sombra de amor, el índice es la vida del poeta.    

En el  paseo por  el  mar ayer no me encontré ningún Pokemon  pero sí una muchacha  comiendo una manzana. Me pregunto de que variedad será esa  malus  doméstica y por la de aquellas que han  dado tanto juego  a  la obra de Fhaebus  que son en definitiva las manzanas  de las leyendas.  Este fruto siempre guarda un valor especial en la fábula de la humanidad, desde Eva hasta la  leyenda de la gravitación y de Guillermo Tell  pasando por el Juicio de Paris hasta nuestros días.  ¿De qué variedad  será la manzana de  la madrastra o la de la reina?¿Y la de la taza del poema objeto?¿Y la de la portada de Índice onomástico?

Este libro contiene mucho de realismo mágico. Hoy que ha sido una noche de insomnio no porque  me pasara lo que a Bukowski en la habitación 108 de un motel de carretera, si no porque ha sido noche de Perseidas.

Estos trozos de cometas me han revelado, que este libro guarda, el sabor añil de de  las alas de las mariposas y los momentos de noche enjalbegados  de luna y me han llevado de la mano al recuerdo de   otros dos títulos, el libro de haikus, El libro de las mariposas publicado en 1999 y 6 momentos de luna  plaquette que vería la luz en  el 2002. Me dicen las estrellas fugaces en esta noche de sueño sin sueño, que la luz empolvada  de los coleópteros y el satélite  harinado de la Tierra forman parte de la sustancia de muchos de los poemas de Teo. Sin ir más lejos en el collage que ilustra el libro vuela   una mariposa lapislázuli y en el poema, Galileo observa un eclipse lunar,  donde el poeta juega con la soledad de la luna.                



Domingo  14  de agosto 9 50 a.m.
Veo  un grupo de argelinas bañándose, antes de que salga el ferry rumbo  a Orán, a través  de  la ventana de un boliche instalado   en la playa donde tomo una cerveza. La imagen de los  azules morunos y verdes turquesas de sus burkinis mezclados con el azul del cielo y el blanco del chiringo produce una instantánea de tanta nitidez que parece un anuncio  para una televisión de plasma gigante de alta definición. Mientras pienso en el libro  me pregunto: ¿ Qué habrían  sido de estos  poemas si no existiera la pintura   o el cine? ¿Qué es el cine si no la pintura del siglo XXI? La pintura  daba fé desde tiempos inmemoriales del mundo en que vivimos, si no que se lo  pregunten a María,  la hija de Sanz de Sautuola, que descubrió las pinturas de Altamira donde  se ve la vida cotidiana de esa gente que vivió hace 13.000 años. La pintura, luego la fotografía y posteriormente  el cine se han constituido en  fedatarios de la cotidianidad desde la creación.

Para Serna  la imagen a través de la pintura y el cine constituye otro de los elementos  del discurso de su poesía, de ahí los poemas: Bedel en la sala Patinir, Brueghel el Viejo o los poemas  tan cinematográficos, Como en un cuadro de Hopper,  Simeón en el desierto o Phaebus asiste a la primera proyección de los hermanos Lumiére. El autor establece un discurso poético fuera de academias desde la cultura que en realidad supone su propia vida cotidiana.  Prueba de ello es la variedad métrica del poemario y  referencias sin signos que  apunten hacia una determinada corriente.        

Lunes 15 de agosto 9,15 a.m.
Me despiertan de la recepción del hotel a la hora convenida, mi sueño se confunde con el sueño que acarrea el empleado. ¿Me pregunto por toda la soledad que hay en un sueño?  No creo que exista algo más mortal que un sueño si las efímeras se pueden considerar animales casi eternos frente a éste. Intento como todos  estos días encontrar la repuesta en el azul  del mar o en la cal de las páginas de Fhaebus. En el mar veo  como  el ferry de Orán se convierte en un guión blanco como el del teclado de mi ordenador  en el horizonte y en el libro leo los tres últimos versos que cierran el poemario   …  fuimos jóvenes/durante algunos segundos, inmortales/como los dioses aquellos tan humanos          

San Juan, Alicante. Agosto  2016

Cristóbal López de la Manzanara